RADAR-E: el interés existe, pero la infraestructura sigue frenando la electromovilidad en Chile

Infografía sobre la movilidad eléctrica en Chile que muestra las motivaciones de los usuarios, las tasas de adopción, la experiencia de recarga y las estadísticas de infraestructura con iconos y porcentajes.

La conversación sobre electromovilidad en Chile ha cambiado. Ya no se trata solo de una tendencia tecnológica o de una aspiración ambiental, sino de una alternativa que comienza a instalarse de forma más concreta en la mente de los consumidores. Eso es justamente lo que muestra el primer RADAR-E | Estudio Nacional de Electromovilidad, elaborado por In-Data y Surir, con apoyo del Centro de Movilidad Sostenible, a partir de 653 encuestas aplicadas de manera presencial y online a usuarios actuales y potenciales compradores de vehículos eléctricos e híbridos en el país.

El estudio deja una señal clara: la electromovilidad en Chile no parece enfrentar hoy un problema de interés del consumidor. La disposición existe. Hay valoración positiva, experiencia de uso favorable y una alta disposición a recomendar este tipo de vehículos. En otras palabras, la categoría ya cuenta con una base de aceptación relevante.

Sin embargo, una cosa es el interés y otra muy distinta es la adopción efectiva. Y ahí aparece el principal aporte del RADAR-E: mostrar que el verdadero desafío ya no está solo en convencer al usuario, sino en construir las condiciones necesarias para que esa disposición se traduzca en compra, uso y expansión sostenida.

Uno de los hallazgos más contundentes del estudio es que el principal motor de la electromovilidad, en el contexto chileno, no es simbólico ni aspiracional, sino económico. Entre quienes son propietarios o decidieron la compra de un vehículo eléctrico o híbrido, el 94% menciona el ahorro operativo en combustible, energía o mantenimiento como una de las razones principales para preferirlo. Muy por detrás aparecen factores como el impacto ambiental, la innovación o la experiencia de manejo.

Esto dice bastante sobre cómo se está configurando hoy la categoría. En Chile, la electromovilidad parece consolidarse primero como una decisión racional de eficiencia. No se trata únicamente de una opción “más limpia” o “más moderna”, sino de una alternativa que comienza a justificarse por su lógica económica y por los beneficios concretos que ofrece en la operación cotidiana.

Pero esa valoración convive con barreras persistentes. Entre quienes consideran comprar un vehículo eléctrico o híbrido en el futuro, el 58% identifica el alto costo inicial como la principal barrera de entrada. Es decir, el interés existe, pero todavía no siempre logra convertirse en decisión de compra. La comparación con vehículos convencionales sigue pesando, y el desembolso inicial continúa siendo percibido como una brecha importante.

Ahora bien, el estudio también muestra que el problema no es solo económico. Cuando se pregunta por el mayor freno para la adopción de vehículos eléctricos o híbridos en Chile, más allá del precio, un 52% menciona la infraestructura de carga pública. Ese dato es especialmente relevante porque desplaza el foco del debate: la electromovilidad no depende únicamente de la voluntad del consumidor, sino de la capacidad del entorno para acompañar esa decisión.

La infraestructura, en este contexto, deja de ser un complemento y pasa a ser una condición habilitante. Donde hay visibilidad, cobertura y confianza en la red de carga, la adopción tiene mejores posibilidades de crecer. Donde esa red se percibe insuficiente o incierta, el interés tiende a frenarse. En ese sentido, el RADAR-E confirma que el desarrollo del mercado dependerá tanto de la oferta de vehículos como de la solidez del ecosistema que los sostiene.

Esa lectura se vuelve aún más interesante al observar la experiencia real de uso. Entre quienes son propietarios o decidieron la compra de un vehículo eléctrico o híbrido, la carga se concentra principalmente en infraestructura pública, lo que refuerza la importancia estratégica de contar con una red visible, accesible y confiable. A la vez, una parte importante de los usuarios no cuenta con soluciones óptimas de carga en el hogar, lo que vuelve todavía más central el rol de la infraestructura externa en la experiencia cotidiana.

Junto con lo anterior, el estudio detecta una brecha relevante en el conocimiento de incentivos. Un 37% declara conocer varios mecanismos disponibles, un 35% dice tener solo una idea general y un 28% reconoce no conocer ninguno. Esto muestra que la transición no depende solo de infraestructura y precio: también requiere una mejor comunicación pública y comercial sobre los beneficios existentes. Cuando el mercado no comprende bien los incentivos, su capacidad de acelerar decisiones de compra se reduce.

Otro hallazgo relevante es que la transición parece avanzar de forma gradual. Entre quienes proyectan una futura compra, la intención se concentra primero en híbridos convencionales y luego en vehículos 100% eléctricos, lo que sugiere una evolución por etapas más que un salto abrupto. Lejos de ser una señal débil, esto parece reflejar una lógica bastante natural en un mercado donde la oferta, la infraestructura y la confianza todavía están madurando.

Visto en conjunto, el RADAR-E deja una conclusión muy clara: la electromovilidad en Chile ya cuenta con aceptación, interés y una propuesta de valor reconocible para los consumidores. El problema no parece estar en legitimar la categoría, sino en reducir las fricciones que todavía impiden su expansión a mayor escala. Costo inicial, infraestructura de carga, incentivos poco visibles y ciertas incertidumbres de uso siguen marcando el ritmo del mercado.

Para el ecosistema, esto abre una agenda concreta. Acelerar la adopción no pasa solo por incorporar más modelos o aumentar la conversación pública sobre sostenibilidad. Pasa también por expandir la infraestructura, fortalecer la experiencia de carga, comunicar mejor los incentivos y disminuir la distancia entre interés y decisión efectiva. En esa tensión entre deseo y condiciones reales se juega hoy buena parte del futuro de la electromovilidad en Chile.

Desde SURIR, este estudio refuerza una convicción: entender un mercado emergente no consiste solo en medir intención, sino en identificar qué factores están habilitando o frenando su consolidación. Y en el caso de la electromovilidad, la señal parece inequívoca: el usuario ya está bastante más listo de lo que a veces se cree. Ahora el desafío es que el entorno también lo esté.

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AUTOR
Rodrigo Márquez

Rodrigo Márquez es Ingeniero Civil de la Pontificia Universidad Católica de Chile, PMP y Consultor Senior en Administración de Proyectos, Servicio al Cliente y Marketing Digital

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